Siguiendo la línea del exitoso Otras Mujeres, Las que faltaban es un sinfín de personajes femeninos diferentes, cada uno con sus propias vivencias, con su bagaje de vida y su saber. Ninguna mujer está repetida, todas son únicas.
Siendo fiel al teatro de humor y por supuesto al social, Las que faltaban va más allá de la crítica. Realiza un análisis de la sociedad en el cual todo se pone en tela de juicio. Uno de los puntos clave, revisado en profundidad por la directora, es la influencia mediática en el individuo y cómo la televisión se ha convertido en el cronista de nuestro tiempo. También se tratan otros temas como la familia o lo políticamente correcto.
El espectáculo arranca con un noticiario televisivo donde se narran una serie de noticias trágicas con la naturalidad y frialdad a la que ya estamos acostumbrados. Otro de los personajes, Hillary, ama a un asesino y se siente orgullosa de ello. Luego está la sumisa que, en el fondo, tiene deseos masoquistas. La soprano que evoca algo entre lo onírico y la locura y nos confunde, no sabemos si es una cantante de opera de verdad o es lo que ella imagina en su delirio. Covadonga-Dos encarna a la nueva rica y tambien está la hija modélica que cuida de su anciana madre o más bien la martiriza por no pensar en su absurda vida. Los últimos personajes tan dispares como los anteriores son el ama de casa experta en toda clase de labores del hogar y la lujuriosa damita del siglo XVI que nos cuenta sus experiencias en verso.