De Madrid se pueden contar muchos tópicos y todos son preciosos y tienen su fondo de verdad, como todos los tópicos. Sin embargo Madrid transciende el tópico y se convierte en algo de la familia; una entidad muy próxima de la que no se puede prescindir una vez que la has conocido. Pasear por la Gran Vía cuando cae la tarde, contemplar un cielo azul, a pesar de la polución, y disfrutar de la alegría, el calor y la amplitud de miras de sus habitantes, puede convertirse en algo tan necesario como respirar
Pero para conocer Madrid y tratarlo de tú a tú, hay que vivirlo en agosto. Agosto es el mes que mejor le sienta a la ciudad. Quizá porque todos nos liberamos un poco de las tensiones y podemos salir a conocerlo, a disfrutar de una incógnita en forma de ciudad. A vivir en una fiesta que abre 24 horas al día los 365 días del año. En resumen, a sumergirnos, mostrarnos sus encantos y enseñarnos, cada día que no está todo inventado, porque Madrid se reinventa a si misma todos los días; porque todos los que vivimos aquí, hacemos posible que no haya dos días iguales en esta ciudad.
Hubo quien dijo que el hogar se encuentra donde una persona tiene sus libros. A mí me parece que el hogar está donde uno tiene sus amigos, a su gente. Desde que llegué aquí siempre me ha parecido que Madrid es una ciudad en la que viven cinco millones de amigos en potencia.
Llegar a Madrid desde fuera te descoloca un poco, pero también te da una perspectiva de la que no suele disfrutar la gente que ha nacido aquí. Es la perspectiva de ir mirando hacia arriba, de sorprenderte con la cantidad de monumentos anónimos que atesora esta ciudad. Monumentos anónimos, edificios en los que no reparas a primera vista, pero que reflejan un carácter especial, una belleza especial y una manera de entender el mundo que debería hacerse universal.
Quien ha nacido en Madrid, no se define como madrileño. Siempre dirá: - Soy de Madrid -, como si conjurar el nombre de la ciudad, sin derivaciones, le diera esa parte de buen rollo que transmite Madrid, porque Madrid es una ciudad para disfrutarla, para dedicarle un tiempo y para dejar que te envuelva con todo lo que tiene. Madrid no se acaba nunca, y ahora, en verano, cuando un montón de gente abandona la ciudad para tomarse un respiro, se llevan con ellos un trocito de Madrid, para enseñárselo al resto del mundo .