Autores:Félix Sabroso, Rafael Mendizábal, Antonia San Juan y Luis Miguel SeguíMúsica: Maestro Fulánez Diseño Luces:Juanjo Llorens Iluminación: Paco Murillo Vestuario: David DelfínFotografía Cartel y Prensa:Juan Mart Diseño Cartel:Fernando Sola
EL PAÍS
Enero de 2000
EDUARDO HARO TECGLEN
Luis Miguel Seguí cuenta estupendamente sus cuentos, mima a los personajes, coloca las frases clave de cada historia. Supongo que entre él y la directora Antonia San Juan habrán hecho que el teatro aflore en los textos: la sorpresa está en la frase o en su inversión, en la palabra inesperada. Los personajes imaginarios tienen una realidad bastante cotidiana. Su amargura es ligera. No son protagonistas de la vida, sino pequeños humanos de tránsito. Habla Seguí durante una hora ante un público hechizado. El público era lo más parecido a lo que antes significaba la palabra: distintas edades, varios sexos, diferentes maneras de vestir. Hay veces que el público tarda en entrar en un espectáculo, aunque le guste, en éste comienzan a reírse casi antes de empezar y su placer no le abandona hasta el final. Supongo que el atractivo está principalmente en el nombre de Antonia San Juan: su dirección seguramente ha resaltado, como antes digo, la teatralidad en el teatro, y ha dado orden y relieve al difícil espectáculo. Como los textos están bien y el actor hace muy bien su oficio, la sencilla representación va muy bien y termina entre aplausos.
EL MUNDO
11 de octubre de 2000
YOLANDA G. MADARIAGA
INTELIGENCIA Y OFICIO
Apenas iniciado el espectáculo, se dejan oír las risas que irán en aumento, creando un clima de sana complicidad entre el público y su único actor. Siete personajes desnudan su alma en la escena.
No son grandes héroes, sino más bien una galería de pequeños seres que partiendo de lo cotidiano muestran un punto de marginalidad más o menos perceptible, según los casos, pero que retratan un mundo donde la normalidad no es sinónimo de ejemplaridad sino algo más diverso e interesante. La obra Hombres... y alguna mujer es un espectáculo para reír, reírnos de nuestras propias miserias y las del vecino.
(...) Al margen de la inteligencia y el fino sentido del humor que desfilan los textos, Luis Miguel Seguí nos muestra su claro dominio de recursos gestuales y vocales. Sin artificios escenográficos ni de vestuario, Seguí encarna un repertorio de tipos diáfanos, bien matizados, de una calidad corpórea difícilmente mejorab
LA RAZÓN
26 de enero de 2000
JUAN ANTONIO VIZCAÍNO
EFICACIA Y CLARIDAD
La obra se compone de varias historias urbanas de personajes extravagantes mirados con burla bajo el microscopio satírico. Hay un poco de absurdo que los hace muy teatrales, y, sobre todo, están justamente interpretados por Seguí, dirigido con eficacia, limpieza y claridad por Antonia San Juan. Las atmósferas dramáticas de cada escena están bien dibujadas y mejor combinadas. La sucesión de “sketches” autónomos suele generar espectáculos atomizables, desmontables, intercambiables. En Hombres... y alguna mujer parece que la galería de personajes que encarna Seguí se necesiten unos a otros.